El hospital olía a antiséptico y miedo. Alaia caminaba por el pasillo con pasos vacilantes, con sus ojos enrojecidos y la mente hecha un torbellino de pensamientos oscuros.
Apenas unos minutos antes, el doctor Melrose había hablado con ella en la sala de espera, su expresión era grave al soltar las palabras que ahora se repetían en su cabeza como un eco sombrío.
—Nolan está muy débil —había dicho algo menos formal—. Necesita cuidados constantes. Sería prudente considerar contratar una enfermera