Alaia despertó lentamente, su mente estaba envuelta en una neblina densa y confusa.
Parpadeó varias veces, intentando ubicarse. El dolor de cabeza punzante que la asaltó cuando trató de moverse la obligó a llevarse una mano a la frente.
Cuando bajó la mirada, se dio cuenta de algo que la hizo detener su respiración: estaba usando una camisa... de hombre.
Su corazón comenzó a latir aceleradamente mientras intentaba recordar cómo había llegado allí. El miedo y la incertidumbre la invadieron al