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Alaia sintió cómo el estómago se le encogía, pero se obligó a mantener una fachada impasible. Frunció levemente el ceño, disimulando cualquier nerviosismo.

—No, Nolan. Solo lo conozco desde que llegué a la manada —respondió con calma.

Este la miró fijamente por unos segundos, evaluando cada palabra que salía de sus labios. No quería admitir en voz alta la sospecha que lo atormentaba: que su propio gemelo podría estar interesado en ella también.

—Me pareció que... —se interrumpió, mordiéndose
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