Camila sale rápidamente de la oficina del doctor Cuartuco. Nicolás se la encuentra y nota que el labio de la joven está sangrando, por lo que le da su pañuelo y le pide que la acompañe fuera del lugar.
—Nunca creí que Lisandro sería capaz de hacer esto —dice Nicolás para sí mismo, mientras bajan por el ascensor. El ambiente se siente pesado, como viciado.
Camila no dice nada. Solo sostiene el pañuelo que Nicolás le ha dado sobre su boca. La realidad es que no todo ha sido culpa de Lisandro, ya q