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Fuimos a los vestuarios con la ropa que Belén había sacado de su mochila. Mi amiga una chica muy preparada. Pero cuando entré, Belén se quedó en la puerta.
—Pasa, Belén —le dije, y ella se sonrojó.
—¿No te molesta? —me preguntó, intranquila.
—¿Por qué me iba a molestar? Es el vestidor de chicas —le indiqué mientras comenzaba a desvestirme.
—Espera, Tania —dijo cuando estaba a punto de quitarme el brasier—. Nunca he visto a una chica desnuda.
—¿Lo dices en serio? ¿Y dónde te cambias los días