Le aviso a Amadeo que no lo voy a acompañar ese día y me alejo del hotel. Tomo un taxi y me voy a un bar lejos de todo. Llamo a Carmen, aun llorando cuando ella me responde.
—Hola, Tya, qué sorpresa —me saluda sin darse cuenta de mis lágrimas.
—Hola, Carmen —digo de manera lastimosa y sonrío.
—Cariño, ¿qué ocurre? ¿Por qué estás llorando así? —me pregunta.
—Tengo miedo, Carmen. Tengo mucho miedo de perder mi humanidad —le aseguro, y ella me pide que le explique qué me pasa—. Es Fernando, estuve