Giovanni no pudo evitar soltar una pequeña carcajada y liberar a la profesora. Pero, solo segundos después, la tomó de la mano entrelazando sus dedos a los de ella.
—Vamos a la fiesta. Tenemos que demostrar que somos dos "locos enamorados" —dijo él con su característica seguridad—, aunque creo que usted no sabe fingir muy bien profesora. ¿Tanto le desagrado?
—No tengo motivos para que sea así ¿No lo cree? —le preguntó ella con sarcasmo, buscando molestarle un poco a propósito.
—Por supue