Giovanni Andreotti se levantó con calma de la banca, pero cada movimiento suyo irradiaba una autoridad que no podía ignorarse.
Ese alto hombre extendió la mano hacia Kathia, su mirada fija en ella, intensa pero serena.
La profesora Kathia vaciló un momento antes de aceptar, sus dedos rozando los de él con una suavidad que no podía esconder el leve temblor en su mano.
Giovanni lo notó, pero no dijo nada al respecto.
—¿Usted siempre es así de audaz, señor Andreotti? —preguntó ella, intenta