Capítulo 38
Abrí los ojos lentamente.
Lo primero que vi fue el techo blanco del estudio de la mansión. Sentía un leve dolor en la cabeza y el hombro me dolia cada vez que intentaba moverme.
Giré un poco la cabeza.
Daniel estaba sentado a mi lado. Tenía los codos apoyados sobre las piernas y las manos entrelazadas. Apenas notó que había despertado, se levantó de inmediato.
—¿Cómo te sientes?
Se inclinó sobre el sillon y tomó mi mano con cuidado. Intenté incorporarme un poco.
El mareo apareció en