Capítulo 89
Sentí que el cuerpo se me paralizaba, me dolió el alma entera.
No porque amara a Vittorino, sino porque Lucía era mi amiga. Era la mujer a la que había protegido, ayudado y recibido en mi casa como si fuera una hermana.
Empujé la puerta.
—¿Qué están haciendo? —pregunté mientras entraba en el despacho.
Lucía soltó un grito y tomó su ropa con rapidez. Vittorino se giró hacia mí, pero no mostró vergüenza ni intentó darme una explicación inmediata.
—Catalina, yo puedo explicarlo —dijo L