SAMANTHA
—¡¿Y acaso piensas que por eso tendré piedad?!— gritó Tyler al hombre quien aún tenía un yeso en su brazo derecho.
No sabía que estaba pasando, pero una angustia recorrió mi pecho.
—¡Te maldigo Lucifer! ¡Te maldigo!— gritó.
—¡¿Y crees que eso me afecta?! ¡Maldito hijo de puta!— gritó dándole un fuerte golpe en las costillas. —Estás hablando con Lucifer, ya estoy maldito, y tú— se acercó a su rostro — Eres mi víctima.
—¡Ya basta!— grité.
Ambos voltearon a verme, Tyler abrió los ojos de