Mundo de ficçãoIniciar sessãoMattia Di Lauro era um homem implacável e cruel, principalmente com aqueles que o deviam, personalidade essa herdada de seu pai Marco Di Lauro, um dos bandidos mais cruéis e perigosos do mundo. Após assumir os negócios da família devido à prisão de seu genitor, Mattia resolve cobrar uma dívida antiga, dando de cara com um homem sujo e que visivelmente não teria a mínima condição de o pagar. Porém o Mafioso não tinha tempo para esse tipo de situação e para servir de exemplo ordenou a seus homens que dessem uma lição em seu devedor, que no momento do desespero oferece seu único e mais preciso bem, sua única filha. Emma ao ver o pai naquela situação corre até ele e tenta o salvar, Mattia ri ao ver o desespero do homem e da mulher implorando perdão a seus pés, e como castigo aceita a sua oferta, levando consigo a bela moça que mesmo correndo perigo não baixava a cabeça para ele. Emma viveria como a verdadeira rainha de um rei dominador. Será que essa era a vida tão sonhada pela moça, ou o destino reserva mais surpresas quando a convivência diária e a atração falarem mais alto ou será que o coração sanguinário e duro de Mattia dará vaga a um sentimento doce e puro como o amor.
Ler maisLyanna Harrison apretó el cuello raído de su chaqueta. La lluvia fina empapaba su ropa y se le metía hasta los huesos. Para ella el mundo era frío, húmedo y gris.
Llevaba tres días sin comer nada decente. Su maleta, vieja y desgastada, pesaba como una losa. Se le había vencido la renta, y el casero no quiso darle oportunidad de pagar después, sobre todo al enterarse de que había quedado desempleada hace unos días. Así que terminó echándola sin compasión. Un claxon estridente la sacó de sus pensamientos. Giró la cabeza. Las luces de un coche negro la cegaron. Un golpe seco. El sonido de un cristal rompiéndose. Luego, nada. Sensaciones confusas la atravesaron. Voces lejanas. El olor a desinfectante. Una luz blanca y dolorosa. —Señora Valerián —dijo una voz nítida—. ¿Puede oírme? Lyanna parpadeó. Una enfermera de sonrisa profesional le tomaba el pulso. —Hay… un error —logró decir. Su garganta estaba áspera. —El golpe fue leve, pero la conmoción es seria —continuó la enfermera, ignorándola—. Su esposo está en camino. —¿Esposo? Yo no tengo esposo —Lyanna intentó sentarse. Un dolor punzante en la cabeza se lo impidió. No tuvo tiempo de protestar más. La puerta de la suite hospitalaria se abrió de par en par. Y el aire se heló. El hombre que entró no parecía un esposo preocupado. Parecía un verdugo. Alto, con un traje oscuro que gritaba dinero y poder, avanzó con una calma aterradora. Su mirada, de un gris glacial, escaneó la habitación y se clavó en ella como un dardo. Lyanna se sintió desnuda. Expuesta. —Así que este es tu nuevo juego —dijo él. Su voz era baja, plana, y cortaba como cuchillo—. Fingir amnesia. Es original, lo admito. —No… no sé quién es usted —susurró Lyanna, con un hilo de voz. Él soltó una risa breve y seca. Un sonido sin alegría. —Claro que no. Después de desaparecer tres meses sin dar explicaciones, ahora no recuerdas nada. ¡Qué oportuno! Se acercó a la cama. Lyanna instintivamente retrocedió contra las almohadas. Él despedía un aroma a madera cara y algo peligroso. —Escúchame bien, Lena —susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó su mejilla—. No me importa qué tramas. Pero Harry te ha llorado cada noche. Si piensas usarlo como moneda de cambio, te arrepentirás. —Harry —repitió Lyanna. El nombre le sonó extraño en la boca, pero despertó algo en su pecho. Una punzada de protección. —Mi hijo —aclaró él, con un deje de amargura—. El niño al que abandonaste por… ¿Qué fue esta vez? ¿Dinero? ¿Libertad? ¿Un hombre nuevo? Lyanna negó con la cabeza, abrumada. Todo era demasiado. El lujo, la acusación, el odio en sus ojos. —No soy Lena —insistió, con más fuerza—. Me llamo Lyanna… —Pero antes de que pudiera terminar, él la calló, mirándola con desprecio puro. —Lyanna —repitió, saboreando el nombre con sarcasmo—. Bonito toque. Suena casi creíble. Pero tus documentos dicen Lena Valerián. Y yo me casé con documentos, no con cuentos de hadas. Se irguió, mirándola desde la altura. —Te dan el alta mañana. Un coche te recogerá. Vendrás a casa, te comportarás como una madre decente frente a Harry y asistirás a la cena benéfica conmigo el viernes. No es una petición. —No puedo ir con usted —protestó ella, sintiendo cómo el pánico crecía en su garganta—. ¡No la conozco! Él ya estaba en la puerta. Se volvió por última vez. —Mañana. A las ocho. No me obligues a enviar a alguien a… persuadirte. No te gustarán mis métodos. La puerta se cerró con un golpe sordo. Lyanna se quedó temblando. Miró sus manos vacías. No tenía cartera. No tenía identificación. No tenía un solo peso. La enfermera entró con un vaso de agua y una pastilla. —Tómeselo. Le ayudará a descansar. —Él se equivoca —dijo Lyanna, desesperada—. ¡No soy su esposa! La enfermera le ofreció una sonrisa compasiva. —Lo sé, cariño. Es muy duro. La amnesia debe ser aterradora. Pero no se preocupe, con el tiempo todo volverá. Lyanna cerró los ojos. La frustración era un nudo en el estómago. Nadie la escuchaba. Nadie la creía. Al día siguiente, un chofer impecable la esperaba. La llevó en silencio hasta un coche tan negro y brillante que parecía un ataúd con ruedas. El viaje fue un borrón de calles elegantes que se transformaban en avenidas arboladas, hasta llegar a una verja de hierro imponente que se abrió sola. La casa no era una casa. Era una fortaleza de mármol y cristal. Un monumento a la riqueza y la frialdad. El chofer abrió su puerta. —Bienvenida a casa, señora Valerián. Cada paso que daba sobre el mármol pulido resonaba como un latigazo en el silencio. Una empleada joven le tomó la maleta con una reverencia nerviosa. —El señor Valerián la espera en el estudio, señora. —¿Dónde queda? —preguntó. La mujer rodó los ojos, pero la guio. El estudio olía a cuero viejo y whisky caro. Ares estaba de espaldas, mirando por la ventana. —Pensé que huirías —dijo sin volverse. —Lo intenté —mintió Lyanna, con la voz más firme que pudo—. El chofer era muy grande. Él se dio la vuelta. Una ceja ligeramente arqueada. —Un atisbo de humor. Interesante evolución. Cruzó la habitación hasta quedar peligrosamente cerca. Su mirada recorrió su rostro, buscando grietas. —Aquí tienes las reglas —dijo su voz, un susurro de hielo—. No hables con la prensa. No cuestiones mis órdenes. Y no le hagas daño a mi hijo. Si tocas un pelo de Harry, lo que viene hará que tu "accidente" parezca un paseo por el parque. —No le haría daño a un niño —replicó ella, con genuina ofensa. —No confío en ti —él sonrió, un gesto frío y torcido—. Pero tu hijo sí te quiere, a pesar de no ser buena madre. Por eso estás aquí. De repente, un ruido. Pequeños pasos corriendo por el pasillo. La puerta del estudio se abrió de golpe. Un niño de unos cinco años, con el pelo oscuro despeinado y unos ojos grandes y brillantes, se quedó paralizado en el umbral. Miró a Lyanna. Su pequeña boca se abrió ligeramente. —¿Mamá? El corazón de Lyanna se detuvo. El niño, Harry, no esperó una respuesta. Corrió hacia ella y se aferró a sus piernas con una fuerza sorprendente. —¡Sabía que volverías! Papá dijo que no, pero yo sabía que volverías por mí. Lyanna miró por encima de la cabeza del niño hacia Ares. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus nudillos, apoyados en la mesa, estaban blancos. Ella bajó la vista. Harry la miraba con una fe tan absoluta, tan vulnerable, que le partió el alma en dos. No lo pensó. Se arrodilló, envolviéndolo en un abrazo. El niño olía a champú para niños y a galletas. Era el olor más honesto que había olido en su vida. —Sí, cariño —susurró, y su voz sonó ronca—. Ya estoy aquí. Por encima del hombro del niño, sus ojos se encontraron con los de Ares. No era una súplica. Era un desafío. Esto es por él, dijo su mirada. No por ti. Ares sostuvo su mirada por un instante eterno. Algo indescifrable cruzó sus ojos grises. No era suavidad. Era… confusión. Una grieta en su armadura de hielo. Luego, asintió, una vez, bruscamente. —Harry, tu madre está cansada —dijo, su voz menos cortante que antes—. Deja que descanse. El niño se aferró a la mano de Lyanna. —¿Vendrás a leerme un cuento más tarde? —preguntó, con los ojos llenos de esperanza. Lyanna sintió una sonrisa genuina, la primera en mucho tiempo, tocando sus labios. —Claro que sí. Ares observó cómo su hijo arrastraba a esa mujer, que decía ser extraña, pero que tenía el rostro de su esposa, fuera del estudio. La puerta se cerró. Quedó solo en el silencio cargado de la habitación. Durante esos meses la ausencia de su esposa lo había atormentado. Y de pronto aparecía tan distinta. ¿Podía ser posible que la falta de memoria le provocaba eso? Todo era un misterio.Levo a minha mão no ombro do Carlinhos que vira e me fita.— O que é? — Continua com o punho fechado sobre o ar que já ia voltar dá outro soco no Biel.— Qual é o seu problema? — Questiono, o encarando. Fica em silêncio abaixando o braço.— Que merda é essa aqui! — Ele olha para frente, depois também olho. Lá estava ela. E cara não estava boa, até entendo de está assim. Acho que no seu lugar também ficaria. Mesmo assim, não deixa de ser linda. Quero muito beijar essa boca! — Ei? — Aponta para o Carlinhos que desvia o olhar. — Estou falando com você mesmo!— Eu? — Pergunta o Carlinhos com os ombros
— FALA LOGO! JÁ NÃO BASTA ESSE PERFUME HORRÍVEL, AINDA TEM ESSE ROXO NO SEU PESCOÇO! VAI DIZER QUE ESTAVA RESOLVENDO ASSUNTOS DE TRABALHO? — Ela grita, apontando para mim. Puta merda! Não acredito nisso! Vou acabar com a Rafaela! Viro para a Emma, depois me aproximo dela mas recua.— NÃO ME TOQUE! — Esbraveja levantando as mãos para não tocar nela.— Emma, não é isso que você está… — Ela me corta.— Cala boca! — Lágrimas caem do seu rosto. Droga! Porra Mattia que deu em fazer isso? Merda! Merda! Levo a mão na cabeça. — O pior que estava me sentindo mal por… — Ela disse. Olho para ela que estava de cabeça baixa.
Acabo de chegar. Abro a porta, entro e logo fecho. Caminho até a sala e noto que a mesa está vazia. A Guilia já tirou a mesa bem provável que a Emma está no quarto dormindo. Vou tomar um banho pra tirar esse cheiro… E de repente ouço passos, quando vejo é a Emma vindo em minha direção. Puta merda! Levo a mão na cabeça. Ela está acordada? Droga! Droga! Ela vem para me abraçar, mas impedir esticando os braços.— Por que você está acordada? — Pergunto, segurando seus braços.— Estava te esperando. — Ela me fita. Depois tiro minhas mãos e me afasto.— Tudo bem. Mas você tinha que estar no seu quarto! — Falo, minha voz sai ás
— Emma, me explica isso? — Ela pergunta sobre o meu pai. Fecho os olhos depois solto o ar, pesadamente. Sinto sua mão alisando o meu cabelo. — Filha, o que está me escondendo? — Levou as mãos no meu rosto virando para ela.— Mãe… Acho… — Gesticulo. Engulo a seco, depois levei minhas mãos na dela e tirando.— Fala filha. Por favor… Seu pai fez alguma coisa… — Parou de falar se afastando com as mãos na cabeça.— Mãe… Se acalme. — Vou até ela, coloco a mão no seu ombro. — Mãe!— Ele não fez nada comigo… Bom… — Dou uma pausa.&
Estava no quarto conversando com a minha mãe. Ela me contou que na verdade ela fugiu e não me abandonou.— Filha… Não queria deixar… Era para vir comigo, mas seu pai me impediu… — Ela disse encolhendo os ombros.— Ele não deixou? Como assim? — Perguntei, estava sentada na beira da cama.— Eu não aguentava viver daquele jeito. Ele bebia todos os dias, além disso, tratava muito mal com gritos e… — Ela virou o rosto e abaixou a cabeça. Noto que caiu uma lágrima no seu rosto.— Mãe… — Me aproximo colocando a mão no teu ombro. Ela virou o rosto para mim, depois ergueu sua mão para secar a
Estou sentada sobre a cama. Estou lendo um romance que amo. After, da autora Anna Todd. Apesar de falarem mal desse livro, eu amo. Mas não consigo sair do primeiro parágrafo, não paro de pensar no que aquela doida disse. Fecho o livro e coloco no canto. Meu estômago começou a fazer barulho, acho que estou com fome. Não queria descer e dar de cara com ela. Mas estou com fome. Quer saber? Vou descer e comer algo. Levanto da cama e vou até a porta, abrir e sair do quarto. Deixo encostada caminho até as escadas. E quando estava descendo o olho para a direção da porta, noto que a Guilia está na porta, parece que está fazendo com alguém? Então me aproximo indo até ela.— Está falando com quem? — Pergunto, estou perto dela. Virou o rosto e me viu, seu semblante mudou.<










Último capítulo