Capítulo 128. Lealtades comprometidas
En cuanto Maggi ingresó a su hogar tarareando una canción romántica llena de felicidad después de la exitosa cena, su madre estaba llorando en el sofá y su padre tenía las manos en las caderas.
— ¿Se puede saber qué demonios hacías exhibiéndote con ese charlatán?
— ¡No es un charlatán! Es mi novio —decretó Maggi y su padre le volteó la cara de una sonora bofetada.
Maggi cayó sentada en el sofá junto a su madre.
—Eres una inepta que destrozó su futuro por una malcriadez, por eso se f