Capítulo 243. Cambios necesarios
El resto de la fiesta Elizabeth buscó excusas para mantenerse en su despacho, no podía enfrentarlos a todos, la rabia y la frustración hervía en sus venas haciéndola llorar de solo recordar lo que escuchó decir a Kendrick. Sentía ira, de esa que solo genera la culpa, si Kendrick no la veía sino como una niña era porque con él no era ella misma, se volvía un manojo de nervios.
Él no la conocía realmente.
Para ella era obvio que no la veía como una jefa.
«Una tonta niña»
Marcelo ent