— Dónde está ese desgraciado que quiero partirle hasta el último hueso entero que dejó este guapetón — dijo Dánae señalando a Adriel — le daré un pum y luego un bam y por último un chan, chan.
— Lo están operando — dije riendo — en serio que contigo cualquier cosa seria se vuelve divertida.
Dánae venía algo tomada por lo que su locura era mayor que de costumbre pero bueno que se puede esperar de una chica como ella, el doctor Fernández entró a revisarme y una voz resonó por toda la sala.