Yo sonreí y el señor Lund me miró, era un hombre sumamente agradable y en especial un caballero.
— Tiene el cabello blanco— le dije — así que eso es un punto para su vejez.
— Buen punto — me dijo el señor Lund — se lo haré saber — me guiño el ojo.
Se puso a escribir y luego se levantó de su lugar, yo me dirigí al que era mi cuarto temporal para coger mi maleta. Al salir mire que él llevaba dos maletas y un bolso maletero.
— ¿Nos vamos?
Yo asentí y cuando quiso ayudarme con mi maleta no