Yo le tomé su mano y así se la sostuve por varias horas, el señor Lund solamente salió para hacer una llamada y luego se quedó a mi lado.
El señor comenzó a desestabilizarse y cuando quise llamar al doctor que lo había visto él no me dejo ir, sostuvo mi mano con más fuerza.
— No me dejes solo por favor, ambos sabemos que el final está por llegar y no me gustaría morir como viví por tantos años, en completa soledad.
Yo me quedé ahí y el señor Lund fue a llamar al doctor, estábamos solos y mire