Mundo ficciónIniciar sesiónLa penetra lentamente, tanto que para Nora se vuelve una tortura. Cierra sus ojos y aprieta los dientes mientras sus manos buscan aferrarse al brazo de Franco que cruza por su pecho. Su sexo arde y palpita, volviéndose una sensación placentera, así como agonizante. Ese vaivén cadencioso la lleva a la locura, mientras escucha los gemidos de Franco en su oído, como gruñidos guturales de una bestia.
—Grita para mí, Nora…







