Khaled
La noche ya había avanzado cuando entré en el despacho de la casa. Las luces de la ciudad aún brillaban afuera, pero allí dentro todo era silencio. Demasiado silencio para una casa que siempre estuvo marcada por voces firmes, decisiones rápidas y órdenes claras.
Lara estaba sentada en el sofá, con las manos cruzadas sobre el regazo. No necesitaba decir nada. Yo conocía esa mirada. Algo se había salido de control.
Khaled:
— El problema en el mercado nocturno llegó a mí incluso antes