Viyan
Estaba sentada en la silla de la recepción mirando al suelo cuando vi a mi madre regresar de la llamada. Tenía esa expresión extraña que pone cuando algo muy serio ha pasado, pero todavía está intentando mantener la compostura.
Ya conozco a mi madre lo suficiente como para saber cuándo está tratando de no perder el control.
Y, por la forma en que venía caminando hacia mí, la conversación con mi padre no había sido nada tranquila.
Me levanté de la silla despacio y fui hacia ella.
Viyan:
—¿