Zayd
Entré en el coche al lado de Adir, sintiendo que mi mente se sumergía en un estado frío y calculador. Nos dirigimos a la nueva dirección de la familia de Khandra. Al llegar, observé el lugar con atención y, por un instante, sentí alivio: no era un condominio cerrado. Una invasión allí sería mucho más sencilla.
Se trataba de una casa orientada directamente a la calle, protegida por dos cámaras de seguridad visibles y una cerca eléctrica. Permanecí en silencio, analizando cada detalle. Adir