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~Emilia~
"No fui yo, Ava." Levanté las manos en señal de protesta.
"¡Oh, basta ya!" gritó Ava, volteando hacia el Beta de la manada Sangre de Luna que estaba de pie entre nosotras. "Ella lo mató. Lo vi hacerlo," dijo y cayó de rodillas.
"Lo siento, Emilia, tuve que decírselo porque no quiero problemas con los hombres lobo," gimoteó, con lágrimas brillando en sus ojos, sin llegar a caer.
Mi cabeza se sacudió con fuerza en señal de negación. "No lo hice; no lo hice." Logré murmurar, confundida por las repentinas acusaciones de Ava.
Unos minutos atrás, Ava había matado a este mismo cuerpo que yacía ante nosotras. La atrapé intentando escapar, y juramos guardar el secreto antes de que el Beta Austin nos encontrara.
"Por última vez, ¿cuál de las dos hizo esto?" gritó Austin y apretó más el puño.
"Emilia." dijo Ava, con su dedo índice apuntando a mi cara.
"Ava, tú sabes que acor…"
"Acordamos no delatarte, ¿verdad? Pero tengo que hacerlo, Emy; él es el Beta, segundo al mando del rey Alfa." Intervino casi de inmediato.
Mis ojos se abrieron de par en par mientras la miraba fijamente.
"Ava," murmuré consternada.
¿Cómo pudo? Sabe exactamente lo que esto traerá como consecuencia si el Beta termina creyendo que yo lo hice. Me llevarán los hombres lobo y desapareceré para siempre.
¿Acaso fue un crimen haber decidido ayudarla con el castigo que estaba cumpliendo en ese lugar? Ava y yo somos humanas, no lobas. Pero coincidentemente, ella había regresado a casa con una medalla Grimson Cross que pertenecía a los hombres lobo. Y de alguna manera milagrosa, el hombre lobo descubrió que era ella quien la tenía y había venido a nuestra casa ese mismo día a reclamarla. El alfa de su manada le había impuesto como castigo barrer y mantener limpio todo su patio cada día, así que me vi obligada a ayudarla.
"¿Tú eres Emilia?" preguntó el beta.
Asentí con la cabeza. "Sí, pero te lo juro, Ava…"
"Sabía que tenía que encubrirlo. Pero ya es tarde, Emilia; nos descubrieron." sollozó Ava, con lágrimas ardiendo en sus ojos.
Con solo mirarla en ese momento, cualquiera juraría que estaba diciendo la verdad. Y de cierta manera, esta actuación suya le había funcionado más de una vez, dejándome a mí como víctima de cosas de las que no sabía nada.
"Vengan conmigo." dijo el beta, señalando a Ava y a mí.
******
"Siempre supe que eras mala, Emilia, pero no hasta el punto de provocar la muerte de alguien." escupió mi madrastra, sacudiendo la cabeza con asco.
Mi mirada se posó en mi padre, y él temblaba ante la presencia del rey Alfa.
"Su majestad." susurró tembloroso. "Me disculpo por lo que sea que Emilia haya hecho, y estoy dispuesto a concederle lo que pida con tal de que no nos castiguen."
Mi madrastra y su hija asintieron, suplicando con los ojos. Yo seguía arrodillada ante el rey Alfa, con las manos atadas con grilletes.
Alcé la mirada hacia el rey Alfa, Adrain, y su mirada se clavó en mi piel. El aire se me atascó en la garganta cuando nuestros ojos se encontraron. El Alfa Adrain es el hombre más hermoso que he visto en mi vida. Cabello negro y brillante recogido en una coleta baja. Cejas gruesas que enmarcaban sus ojos almendrados y unos labios perfectamente formados.
Tragué saliva con dificultad. No te pierdas en su atractivo, Emilia. Es un lobo, conocido como una bestia entre los demás lobos.
Su mirada finalmente abandonó mi rostro y se volvió hacia su beta. Le hizo una señal a su beta, quien estaba de pie detrás de él, y este se apresuró, entregándole una hoja de papel y un bolígrafo. Garabateó algunas palabras en ella y luego se la devolvió a su beta.
"Señor Grayson, aquí." Habló por primera vez; su voz era una mezcla de grave y neutral, totalmente distinta a la de la bestia que le llamaban.
Mi padre tomó el papel y su rostro se desencajó en una profunda decepción.
"¿Un millón de dólares?" exclamó y le entregó el papel a mi madrastra, que estaba sentada a su lado.
"Su majestad, le suplico con toda diligencia; ¿podría ofrecer una opción diferente?" dijo y agachó la cabeza.
El Alfa Adrain inclinó la cabeza, como si estuviera negociando consigo mismo.
"Dénnos a su hija, y ella dejará de ser parte de su familia para siempre." concluyó y se puso de pie de inmediato.
Exhalé con angustia; la opción no sería algo difícil para mi padre. El señor Gregory Grayson, uno de los hombres más ricos de toda Lycaonia. Mi padre es enormemente adinerado y puede comprar todo lo que el dinero pueda adquirir. Habría comprado el castigo de Ava si la opción hubiera sido dada, pero desafortunadamente no estaba incluida.
"Pueden llevarse a Emilia." finalizó. Su voz, fría.
No me sorprendió que eligiera entregarme antes que su dinero. Mi padre nunca me quiso; me odió desde el primer día de mi vida. Mi vida siempre ha sido un desastre. Llena de dolores y tristezas. Siempre he sido la hija mala, cargando los dolores y sufrimientos que deberían haberle pertenecido a Ava.
"No, padre," supliqué, hundiendo el rostro en el suelo.
"No lo hice. No maté a nadie." Sollucé.
"Tienes que irte con ellos, Emilia; tu padre no tiene ese dinero para darlo por culpa de tu maldad." dijo mi madrastra y cruzó los brazos.
Mi mirada cayó sobre el Alfa y su beta, y la realidad de lo que me esperaba se estrelló contra mi cara.
Ir con ellos significa vivir con los hombres lobo. Criaturas misteriosas en forma de bestias. El solo pensar en verlos transformarse fue lo que más me hizo llorar.
"Ava, tú lo mataste. Tú lo mataste." Sollucé entre lágrimas mientras los guardias me sujetaban. Lloré y les di patadas con fuerza mientras me arrastraban. Me volví para echar un último vistazo a Ava y la vi riéndose. Sus planes finalmente habían encajado. Ni siquiera había terminado; ¿quién sería su próxima víctima?
"Los guardias vendrán a recoger sus cosas." escuché la voz distante de su beta mientras me ponían una mordaza en la boca.
El silencio devoró mis gritos mientras nos desvanecíamos en el bosque.







