Horas más tarde.
—Tenemos grandes problemas —el jefe de seguridad de Benjamín ingresó sin tocar a la puerta de su oficina.
—¿Qué demonios ocurre? —cuestionó, y se puso de pie.
—Hubo una redada, allanaron el bar donde está Violet y… la detuvieron.
—¡No puede ser! —Benjamín lanzó todo lo que tenía sobre su escritorio—. Si ella habla estamos perdidos —gruñó.
—Catearon todo el lugar y se llevaron todo —señaló.
—Tengo que hacer algo, van a descubrirme —dijo sintiendo como su barbilla temblaba.
—No e