(POV: Lucian)
No corría.
Huía.
Del campo. De ellos.
De mí.
La sangre seguía tibia en mis nudillos, pero no era de ellos. Era mía. De tanto apretar los puños, de tanto contener lo que no podía gritar.
Lo hice otra vez.
Me convertí en lo que me entrenaron para ser:
Un arma.
Una sombra disfrazada de aliado.
Un monstruo con nombre humano.
**
Cassius siempre decía que el dolor verdadero no es el físico.
Es el que viene después.
Cuando el cuerpo cicatriza… pero el alma se gangrena.
Ahora lo e