― ¿No lo sientes? ―me dice, con su boca tan cerca de la mía, que su aliento me acaricia la piel―sé que también lo quieres―añade y sus manos recorren mis brazos, los cuales levanta, para recorrer mi costado con sus dedos y mi corazón va como si estuviera a todo galope, salvaje y desbocado.
―Dylan, esto no está bien―le digo―me está obligando a algo que no quiero―le suplico y él me mira y suspira.
―Está bien―me dice, pero todavía no me deja tranquila―pero quiero que seas sincera―me pide, sin emba