CAPÍTULO 19. EL PRECIO DE UNA ILUSIÓN
El lunes por la mañana, el piso treinta de Ardentis amaneció con una calma que resultaba escalofriante.
Elena llegó a las siete en punto, preparada mentalmente para encontrar otra montaña de carpetas inútiles con el sello de Valeria Montiel. Sin embargo, su inmenso escritorio de cristal estaba inmaculado. No había ni un solo documento. En su lugar, descansaba una caja blanca con el elegante logotipo de la panadería de Arthur Pendelton, junto a una taza de porcelana humeante que desprendía el in