CAPÍTULO 17. LA TORMENTA EN EL PISO TREINTA
El reloj digital en la esquina del monitor marcaba las once y cuarenta y cinco de la noche.
El viernes había sido una maratón interminable de reuniones, correos y hojas de cálculo. El piso treinta de Ardentis estaba completamente desierto y en penumbra, a excepción de las luces focalizadas sobre el escritorio de cristal de Elena y el despacho interior de Adrián. Afuera, una tormenta de finales de verano azotaba los ventanales de la torre, enviando ráfagas de lluvia contra el vidrio con un sonid