PARTE TRES: UN HIJO QUE NO SE PUEDE AMAR
CAPÍTULO OCHO
La noche ya había caído, las risas no cesaban y en la vida ella no parecía haber disfrutado de una tarde tanto como aquella vez, el trabajo había quedado atrás, todo lo que reinaba en su noche era la compañía de un hacia otro.
En el mismo parque donde ella había llegado en el auto con el padre de la pequeña Fernanda, se detenían después de tanto tiempo de haber caminado, reído, comido y pasar de aquí para allá.
—Bueno, creo que hasta aquí