Capítulo 28
Había pasado un año desde que empecé mi tratamiento, y todavía me costaba creer el cambio tan grande que había hecho mi cuerpo.
Ese día me paré frente al espejo grande del gimnasio del hospital y simplemente me quedé ahí, mirándome. Caminé hacia adelante, luego hacia atrás, luego de lado, no había cojera, no había dolor, no necesitaba la prótesis para moverme.
Se me salieron las lágrimas, Tanto esfuerzo, tantas horas de ejercicios, tantas veces que quise rendirme, tantas noches en las que me dolía todo… y ahora estaba ahí, caminando como si nunca hubiera perdido la movilidad. Sentía una libertad que no recordaba desde que era una niña.
Además, mi cuerpo había cambiado mucho. Había aumentado músculo, me veía más fuerte, más definida. Por primera vez en muchos años me sentía realmente segura de mí misma. Era como si hubiera nacido otra mujer, una versión de mí que jamás imaginé.
Ese mismo día mi padre me llamó. Su voz sonaba más animada que de costumbre.
—Paulina, hija, q