Capítulo 12
Todavía estaba temblando por lo que acababa de sentir. Ese momento tan intenso me dejó sin aire, fue mi primer orgasmo.
Edward seguía frente a mí, mirándome como si esperara una respuesta, yo no sabía que hacer.
—Paulina, te deseo.
Tragué saliva. Tenía el corazón acelerado, la cabeza confundida y el cuerpo todavía sensible. Pero aun así sabía que tenía que poner freno.
—No debemos mezclar las cosas —logré decir, aunque mi voz sono débil—. Esto… complica todo.
Él sonrió apenas, sin perder su seguridad que me debilitaba.
—En los negocios a veces mezclar las cosas es lo mejor que se puede hacer —respondió—. Y esto no es solo un trato para mí.
—¿Ah no? —susurré—. ¿Entonces qué planes tienes entre los dos?
Se acercó más, despacio, como un cazador a su presa
—Sé que eres virgen —dijo con naturalidad, sin burlarse ni suavizarlo—. Y quiero ser claro contigo. Yo te quiero, Paulina. No por lástima, de verdad te quiero.
Mi pecho se apretó, negué de inmediato con la cabeza
—No… Edwa