—Lo siento.
Aquellas dos palabras reverberaron en la habitación antes de que su portavoz saliera por la puerta.
Megan se quedó sentada en el sillón en el que se había acomodado para conversar con su prometido y pasar una gran noche.
Quién hubiera dicho que él quisiera romper su compromiso en la primera parte de su “emocionante” noche.
Ella se había quedado en silencio, asimilando un nuevo abandono. Tres hombres, tres compromisos, tres abandonos. Y se suponía que a la tercera iba la vencida. Pe