—Ya está —dijo Carter, terminando de abrochar el collar azul alrededor del cuello del cachorro.
Steve aplaudió contento. Carter dejó al perro en el suelo y lo miró. Ya lo consideraba suyo, aunque no estuviera decidido todavía.
Tomó entre sus dedos el pequeño colgante en forma de huella de perro que colgaba del collar. Dentro se debía poner el nombre del perro, el cual todavía no sabía.
De repente, la puerta de entrada se abrió, dejando entrar a la pelinegra cargando con bastante papeleo y algu