Dejé a Manuel dando órdenes a diestra y siniestra para ir a mi oficina, que tendría que encontrar por mi cuenta porque mi nuevo jefe estaba muy ocupado.
—Por suerte soy muy inteligente y no me pierdo así —me dije, caminando por los pasillos hasta que vi algunas cosas en lo que estaba pasando camino a la oficina—. Dios mío, no puedo creerlo.
Pasé cerca de una oficina que abarcaba una serie de gemidos no cautelosos.
Traté de ignorarlos y avancé por el pasillo hasta que una mano me impidió caminar