Y así fue como nuestras miradas se encontraron. Mi tristeza se mezcló con su pasión en ese momento cuando Alexander sintió mi piel desnuda.
Mis dedos se enredaron en su cabello mientras pasaba mis manos por su cuello. Descansaba mi frente contra la suya y le susurraba.
—Lo siento… esta vez no hay un final feliz. El asunto de esa mujer me pone muy mal y la verdad no quiero saber que sigues locamente enamorado de ella.
—No estoy enamorado de ella, Lucía.
Lo vi caminar hacia la cama y sentarse con