Capítulo 32. Quiero algo de ti
—Isabelle… ¿Tienes un pretendiente? —insistió Milena, mientras ella se agachaba para recoger la nota.
—¿Estás loca? No llevo mucho tiempo en esta ciudad como para tener un pretendiente. Debe ser alguien que se ha confundido de dirección —respondió, volviendo a la silla, mirando los girasoles con cierta curiosidad. Aparte de su abuelo, nadie más le había regalado flores.
Desde que creyó estar enamorada de Leonardo, había puesto todo su empeño en hacerse notar y se olvidó de todo lo demás. Tuvo