La lluvia había cesado, dejando el asfalto de la carretera base cerca de Roquebrune brillando como una capa fresca de laca.
Sarah estaba sentada en el asiento del conductor de un Peugeot gris alquilado, completamente genérico. Había apagado el encendido, el único sonido dentro del coche era el rítmico y metálico tink-tink-tink del motor enfriándose.
Tenía una cámara de lente largo descansando en el asiento del pasajero. Sus manos estaban frías, pero su enfoque era total.
Durante dos días, había