SABRINA
Al día siguiente del bochorno en que resultó mi pedida de mano, desperté con la resignación impregnada en el alma y el corazón. Tal vez, mi destino era sufrir siempre a manos de las personas que amaba, y solo me restaba levantar la cabeza y seguir. Las horas no se detendrían porque yo me sintiera mal y el tiempo seguiría pasando, llevándose consigo mis mejores años si me quedaba en una cama llorando, por algo que no pudo ser.
La mañana se anunciaba de un modo tan sereno, que decidí darm