SABRINA
Al ingresar al elevador, me llevé una mano al pecho y comencé a sollozar. Aunque no pareciera a sus ojos y al de los demás, dolía profundamente entender que todo estaba mal entre Piero y yo. Aparecerse aquí, solo me dio indicios de que no lo conocía en absoluto y que definitivamente, a veces el amor no era suficiente… como leí en un libro donde dos personas que se amaban tardaron años en comprender muchas cosas de sus vidas.
Saliendo del lugar, sequé mis lágrimas y caminé hasta un bar i