Capítulo 32
La mañana había llegado con una calma fingida, de esas que anuncian tormentas sin avisar. El hospital respiraba silencio como siempre, apenas roto por el murmullo de las enfermeras y el zumbido de los monitores en las otras habitaciones. Sin embargo, Gail, recostado entre sábanas blancas, dormía con una mueca de paz en el rostro, ajeno al caos que comenzaba a formarse fuera de su habitación. Irina, tras asegurarse de que todo estuviera en orden con su hijo, había salido un momento