NATANAEL DÍAZ
—Mírate en el espejo—, le ordené. Abrió los ojos y se encontró con mis ojos en el espejo.
—Nate—, jadeó de nuevo mientras le besaba el cuello y chupaba desde atrás.
—Eres mía, pequeña. Tu cuerpo, tu alma, tu corazón, todo me pertenece a mí y sólo a mí—, le dije y la di la vuelta para besarle los labios.
Le mordisqueé el labio inferior y abrió la boca al instante. Introduje mi lengua en su boca y nos besamos apasionadamente cuando sonó mi teléfono. Lo ignoré y la besé. Pero ella se