Diana al verse agarrada en ese instante y no ver quién lo hacía comenzó a revolverse y a patear con todas sus fuerzas.
No podía más, sus nervios estaban desatados. Lo de sus hijos y ahora encontrarse a esa mujer frente a ella habían abierto la caja de Pandora.
Estaba fuera de sí.
El hombre gruñó al recibir el golpe, la levantó entre sus brazos y la apartó de Natalie.
—Serás fiera, me has pegado una patada en las espinillas —se quejó su esposo y se frotó la pierna.
—¿Alexander? —su marido la so