Diana que no esperaba ese impulso de Alexander no pudo evitar dejarse llevar, cerrar los ojos y abrazarlo con fuerzas.
Apenas sintió sus labios se olvidó de que acababa de compararla con un espectro y de que no era buena idea que cayera en sus brazos porque solo estaba dándole una caricia a su corazón antes del impacto.
Sintió el aliento de su esposo en la pie cuando abandonó sus labios e intentó recorrerle el cuello.
—Horrible camisón —lo escuchó gruñir cuando se encontró con la barrera asfixi