Cuando Alexander regresó a la habitación del hotel tenía el tiempo justo para arreglarse y volver a salir con su esposa.
Antes de abrir la puerta el malestar consigo mismo creció.
Acababa de recordar que se fue esa mañana sin ni siquiera felicitarla por su cumpleaños.
Había tenido la mente tan ofuscada que se le había pasado.
Le había comprado una gargantilla y unos aretes a juego para que los llevara la noche de su cumpleaños, al menos todavía podía resarcirse con ella.
Apenas entró lo primero