—Estás hermosa, preciosa.— Acariciaba su cabello, dándole los últimos toques. Verificó que su ropa no tuviera ningún cabello, sacudió la falda del vestido con sus manos y luego pasó sus manos por sus hombros, dejándola perfecta. Ahora volvió a centrar su atención en su rostro, en aquellos ojos, en esa mirada tan fuerte que le llamó la atención desde el primer momento. —Estoy muy orgulloso de ti, Ariel, como no te imaginas. En algún punto tuve miedo de que desistieras o…la idea ya no te gustara,