Capítulo 73. LAS OMEGAS SON DIFERENTES A LAS LOBAS COMUNES
Lia
Al escuchar sus palabras, la tristeza demoledora en su voz, me quedo congelada. Por instinto, me llevo una mano al vientre, donde mi propio hijo está creciendo, apenas un asomo de vida que todavía está expuesto al peligro de desvanecerse.
Leila sigue sollozando en voz baja. No levanta la cabeza siquiera.
—Estás mintiendo —replico, sin levantar la voz, apenas puedo hablar —. Me estás mintiendo. No hablas en serio.
—No, no —comienza a negar con desespero —. Le estoy diciendo la verdad. Nu