Capítulo 123. TIENES QUE MATARME
Lia
—¿Qué?
El rostro de Damiano se contorsiona por la impresión. Leila ni siquiera respira.
Siempre he defendido que no tengo derecho a divulgar los secretos de nadie, le prometí a Leila que de mi boca no saldría una palabra. Pero no podemos mentirle a Damiano después de lo que ha escuchado.
No hay excusa creíble para esta situación.
—Eso es imposible —replica, mirando a Leila como si quisiera sacarle una explicación.
—Pero es la verdad —defiendo —. Todos saben que los híbridos es