El punto de vista de Alejandro
—Carmen —la llamé, y ella se volvió hacia mí, con los ojos muy abiertos al ver a Gabriella a mi lado.
Se levantó y caminó hacia nosotros lentamente. —Gabriella…
—Mamá… —murmuró.
Sin dudarlo, abrazó a su hija y se echó a llorar. Por fin se habían reunido y me alegraba poder demostrar que Gabriella no había abandonado a su hijo para irse con otro hombre. Hice todo lo que pude para encontrarla y ahora estaba aquí.
«Pero ¿cómo? Me enviaste un mensaje diciendo que ibas