El punto de vista de Gabriela
Salgo del coche en cuanto llegamos a casa. Había algunas luces encendidas en nuestra mansión, pero mi corazón latía con fuerza tras recibir un mensaje de alguien que sabía que me lo enviaría. Era una foto de Camila y mi hijo, lo que me hizo correr a casa por si les pasaba algo, ya que sabía perfectamente quién me la había enviado: Marcelito.
«¡Camila!», empiezo a llamar a mi hermana, pero no responde.
«¡Camila! ¿Dónde estás?», alzo la voz y empiezo a buscar en el