El punto de vista de Gabriela
Llegué al lugar al que me había indicado la monja. Estoy frente a un edificio de aspecto moderno, y el nombre estaba fuera. Puedo sentir la atmósfera inquietante que emana del interior, pero nada puede detenerme. Así que entré tras pasar al guardia y me acerqué a la recepcionista.
«El horario de visitas aún no ha comenzado. Puede volver más tarde», me dice la mujer de mediana edad que lleva gafas de lectura sin siquiera mirarme, concentrada en su ordenador.
«He ve