Luna terminó de desayunar, se disculpó y se levantó de la mesa para ir a su habitación tal como se lo pidió su marido. Detrás de ella se fue él, su misión es sacarle un buen susto, ahora ya se imagina que su mujer sabe lo que pasó en la ducha con aquella chiquilla.
—¡Ah! ¡Pero qué maravillosa es la juventud! —Exclamó la señora Estrella con un suspiro. —Recuerdo los días en que tú y yo éramos así de intensos también, mi amor, ¿dónde estarás ahora, esposo mío? Espero que te encuentres con bien y